Cómo elegir abonos y fertilizantes para el huerto según suelo, cultivo y momento

Elegir un buen fertilizante para el huerto no consiste en encontrar el producto con más nutrientes ni en utilizar siempre un abono “universal”

Cómo elegir abonos y fertilizantes para el huerto según suelo, cultivo y momento

Elegir un buen fertilizante para el huerto no consiste en encontrar el producto con más nutrientes ni en utilizar siempre un abono “universal”. La elección debería partir de cuatro preguntas: cómo está el suelo, qué cultivo tienes, en qué fase se encuentra y cómo vas a aplicar el producto.

Un bancal que lleva años cultivándose no tiene necesariamente las mismas necesidades que una mesa de cultivo recién preparada. Tampoco una lechuga demanda lo mismo que una tomatera en plena fructificación, ni una aromática mediterránea necesita el mismo nivel de fertilización que un calabacín de ciclo productivo largo.

Además, no todos los productos cumplen la misma función. Hay abonos destinados a aportar materia orgánica y mantener la fertilidad del suelo, fertilizantes que suministran nutrientes concretos y enmiendas cuya finalidad principal es modificar determinadas propiedades del terreno.

Por eso, antes de comprar conviene dejar de preguntarse simplemente “¿qué abono es mejor?” y sustituir esa pregunta por otra mucho más útil: ¿qué necesita realmente mi huerto en este momento?

Antes de comprar: qué necesita realmente tu huerto

La fertilización debería comenzar con un diagnóstico, no con un producto.

Un crecimiento lento, hojas amarillentas o una producción menor de la esperada pueden hacer pensar inmediatamente en una falta de abono. Sin embargo, los mismos síntomas pueden aparecer por problemas de riego, raíces dañadas, temperaturas inadecuadas, compactación o un pH que dificulta la disponibilidad de determinados nutrientes.

Antes de fertilizar, conviene observar:

  • Cómo responde el cultivo al riego.
  • Si el suelo está compacto o aireado.
  • Cuánta materia orgánica contiene aparentemente.
  • Si el huerto lleva varias campañas produciendo de forma intensiva.
  • Qué cultivos se han plantado anteriormente.
  • Si el problema afecta a una planta concreta o a todo el bancal.
  • En qué fase se encuentra el cultivo.
  • Si existen síntomas repetidos campaña tras campaña.

Un huerto recién preparado con materia orgánica suficiente puede necesitar muy poco apoyo al principio. En cambio, un suelo explotado durante años, una jardinera con poco volumen de sustrato o un cultivo muy exigente pueden requerir una estrategia diferente.

Si el problema está en el suelo, no lo arregla solo un fertilizante

Un fertilizante puede aportar nutrientes, pero no corrige automáticamente todos los problemas de un suelo.

Si el terreno está muy compactado, tiene poca materia orgánica, drena mal o presenta un pH inadecuado para el cultivo, añadir más nutrientes puede no resolver el problema.

En estos casos interesa diferenciar entre alimentar al cultivo y mejorar el medio donde crecen sus raíces.

La incorporación de compost, humus, estiércoles correctamente madurados u otras materias orgánicas puede contribuir a mantener o mejorar propiedades del suelo como:

  • Estructura.
  • Aireación.
  • Capacidad de retención de agua.
  • Actividad biológica.
  • Contenido de materia orgánica.
  • Capacidad para almacenar y liberar nutrientes progresivamente.

Las enmiendas también pueden utilizarse para modificar determinadas características del terreno cuando existe una necesidad concreta.

El error sería utilizar fertilizante repetidamente sobre un suelo que sigue presentando un problema estructural. Si las raíces no trabajan en buenas condiciones, aportar más nutrientes no garantiza que la planta pueda aprovecharlos correctamente.

Cuándo merece la pena hacer un análisis de suelo

En un pequeño huerto doméstico no siempre se realiza un análisis, pero a medida que aumenta la superficie, el valor de los cultivos o la recurrencia de los problemas, conocer el suelo resulta mucho más útil.

Puede tener especial sentido cuando:

  • Se empieza a cultivar una parcela nueva.
  • El huerto presenta problemas repetidos de crecimiento.
  • La producción ha disminuido durante varias campañas.
  • Se realizan abonados regularmente sin saber si son necesarios.
  • Se quiere diseñar una estrategia de fertilización más precisa.
  • Se sospechan problemas relacionados con el pH.
  • Se trata de un huerto profesional o productivo.
  • Se van a realizar inversiones importantes en fertilizantes o enmiendas.

Un análisis puede aportar información sobre nutrientes disponibles, pH y otras características del suelo. Esto permite reducir la fertilización a ciegas y elegir productos con una composición más coherente con las necesidades reales.

Abono, fertilizante y enmienda: qué estás comprando en realidad

En el lenguaje cotidiano, “abono” y “fertilizante” suelen utilizarse como sinónimos. En la práctica, sin embargo, interesa distinguir qué pretende conseguir cada producto.

De manera sencilla:

  • Un abono orgánico suele aportar nutrientes y materia orgánica de forma progresiva.
  • Un fertilizante mineral aporta nutrientes en formas generalmente más disponibles y con una composición más definida.
  • Una enmienda busca principalmente modificar o mejorar determinadas propiedades del suelo.

Ninguna de estas opciones es automáticamente mejor que las demás. La elección depende del problema que se quiere resolver.

Abonos orgánicos: mejoran suelo y alimentan de forma progresiva

Dentro de los abonos orgánicos encontramos productos muy diferentes: compost, humus, estiércol maduro, pellets de origen orgánico o materiales procedentes de fuentes vegetales y animales.

Una de sus características más interesantes es que no se limitan a aportar nutrientes. También incorporan materia orgánica al terreno.

Esto puede resultar especialmente útil en:

  • Preparación de bancales.
  • Mantenimiento de la fertilidad.
  • Suelos pobres en materia orgánica.
  • Rotaciones de cultivos.
  • Huertos donde interesa trabajar la calidad del suelo a medio y largo plazo.

La disponibilidad de nutrientes suele ser más progresiva que en muchos fertilizantes minerales. Esto significa que no deben entenderse necesariamente como una solución inmediata ante una carencia puntual.

Además, “orgánico” tampoco significa que pueda utilizarse sin control. El origen del producto, su grado de maduración y la cantidad empleada siguen siendo importantes.

Fertilizantes minerales: más precisión, pero menos margen de error

Los fertilizantes minerales permiten aportar cantidades definidas de determinados nutrientes. En la etiqueta suele aparecer claramente su composición y la proporción de nitrógeno, fósforo, potasio u otros elementos.

Esta precisión resulta útil cuando existe un objetivo nutricional concreto.

Pueden tener sentido en situaciones como:

  • Cultivos de elevada demanda.
  • Necesidades específicas durante determinadas fases.
  • Fertirrigación.
  • Cultivo en macetas o mesas con poco volumen de sustrato.
  • Correcciones nutricionales bien identificadas.
  • Programas de fertilización donde se necesita mayor control.

Su ventaja puede convertirse también en su principal riesgo: si se utilizan sin criterio, es más fácil excederse.

Aportar más fertilizante del necesario no significa conseguir mejores plantas. Un exceso puede provocar desequilibrios nutricionales, daños en las raíces, crecimiento vegetativo descompensado o acumulación innecesaria de sales.

Enmiendas: cuando el objetivo es corregir el suelo

Las enmiendas no deberían elegirse pensando únicamente en “alimentar” una planta.

Su función suele estar relacionada con el propio suelo. Dependiendo del producto y del problema, pueden emplearse para intervenir sobre:

  • Materia orgánica.
  • Estructura.
  • Aireación.
  • Capacidad de retención de agua.
  • Determinados problemas de pH.
  • Condiciones físicas del terreno.

Por eso, un suelo pobre o difícil puede necesitar primero una mejora de sus condiciones y después una estrategia nutricional.

Confundir una enmienda con un fertilizante puede conducir a compras que no responden al problema real del huerto.

Cómo leer el NPK sin perderse en la etiqueta

Los tres números que aparecen en muchos fertilizantes hacen referencia al contenido declarado de nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K).

Comprenderlos ayuda a comparar productos, pero no es necesario convertir la elección del abono en una clase de química.

Lo importante es entender qué función general desempeña cada nutriente y por qué una fórmula no es adecuada automáticamente para cualquier cultivo.

Nitrógeno: útil para crecimiento, peligroso si te pasas

El nitrógeno está muy relacionado con el crecimiento vegetativo de la planta: hojas, tallos y desarrollo general.

Por eso suele tener especial relevancia durante fases de crecimiento activo y en cultivos donde la parte aprovechable es principalmente vegetativa.

Pero más nitrógeno no siempre significa mejor cultivo.

Un exceso puede favorecer:

  • Plantas con demasiado desarrollo vegetativo.
  • Tejidos muy tiernos.
  • Desequilibrio entre crecimiento y producción.
  • Menor interés de la planta por desarrollar determinadas estructuras reproductivas.
  • Necesidades de manejo mayores.

En una tomatera, por ejemplo, una planta enorme y muy verde no implica necesariamente una buena producción de tomates.

El nitrógeno debe formar parte de una nutrición equilibrada, no utilizarse como una forma de forzar el crecimiento.

Fósforo y potasio: raíz, floración, fruto y maduración

El fósforo se relaciona habitualmente con procesos energéticos de la planta, desarrollo radicular y establecimiento, además de intervenir en etapas reproductivas. El potasio participa en numerosos procesos fisiológicos y adquiere especial interés en cultivos de fruto, en la regulación hídrica y en aspectos relacionados con desarrollo y maduración. Esto no significa que exista una fórmula simple del tipo “nitrógeno para hojas, fósforo para raíces y potasio para frutos” que permita fertilizar automáticamente. Las plantas necesitan los tres macronutrientes durante su ciclo, aunque la demanda y el equilibrio entre ellos cambien.

Por eso, al comparar NPK interesa valorar:

  • Tipo de cultivo.
  • Momento del ciclo.
  • Estado del suelo o sustrato.
  • Fertilización realizada anteriormente.
  • Objetivo de la aplicación.

Micronutrientes: cuándo importan y cuándo no conviene obsesionarse

Hierro, boro, zinc y otros micronutrientes son necesarios en cantidades menores, pero eso no significa que sean poco importantes.

El problema aparece cuando cualquier cambio de color en una hoja se interpreta automáticamente como una carencia. Una planta puede mostrar síntomas similares por:

  • pH inadecuado.
  • Exceso de agua.
  • Falta de agua.
  • Problemas radiculares.
  • Baja temperatura.
  • Compactación.
  • Daños físicos.

Dificultad para absorber un nutriente que sí está presente en el suelo.

Por tanto, utilizar un corrector específico solo por observar una hoja amarillenta puede no resolver nada si la causa está en otro punto.

Qué abono elegir según el tipo de cultivo del huerto

Uno de los errores más habituales consiste en tratar todo el huerto como si fuera un único cultivo.

Las necesidades nutricionales cambian mucho entre especies. También cambian según duración del ciclo, volumen de producción y parte de la planta que queremos aprovechar.

Hortalizas de hoja: lechuga, acelga, espinaca y coles

En cultivos donde se aprovechan principalmente hojas y tallos interesa mantener un crecimiento vegetativo equilibrado.

Un suelo fértil, con materia orgánica suficiente y una nutrición disponible durante el desarrollo suele ser una buena base. Esto no implica aportar mucho nitrógeno sin control. Un crecimiento excesivamente rápido o desequilibrado tampoco es el objetivo. Para elegir fertilizante en este grupo conviene valorar:

  • Fertilidad inicial del suelo.
  • Velocidad de crecimiento.
  • Duración del ciclo.
  • Cultivos anteriores.
  • Estado visual de la planta.
  • Aportes de materia orgánica ya realizados.

En cultivos de ciclo relativamente corto, una buena preparación previa del terreno puede reducir la necesidad de intervenciones posteriores.

Hortalizas de fruto: tomate, pimiento, berenjena, calabacín y pepino

Tomates, pimientos, berenjenas, calabacines y pepinos pueden mantener producción durante periodos largos y suelen tener necesidades mayores que otros cultivos más sencillos.

Además, la demanda cambia durante el ciclo.

En una primera fase interesa conseguir un buen establecimiento y desarrollo de la planta. Más adelante aparecen floración, cuajado y desarrollo de frutos.

Aquí resulta especialmente importante evitar una estrategia basada únicamente en nitrógeno. Una planta muy vigorosa no siempre produce más.

Al elegir un abono para estos cultivos conviene observar:

  • Fase de crecimiento.
  • Carga de frutos.
  • Vigor de la planta.
  • Calidad del suelo.
  • Frecuencia de riego.
  • Sistema de cultivo: suelo, maceta, invernadero o mesa.
  • Fertilización previa.

Los fertilizantes específicos para hortalizas de fruto pueden resultar prácticos, pero su etiqueta sigue siendo más importante que el nombre comercial de la gama.

Raíces, bulbos y tubérculos: ajo, cebolla, zanahoria, patata y remolacha

En estos cultivos, la parte que interesa se desarrolla total o parcialmente bajo tierra.

Por eso no conviene centrar toda la estrategia en conseguir un gran desarrollo de hojas.

El estado físico del suelo cobra además mucha importancia. Un terreno aireado y correctamente preparado favorece el desarrollo de raíces, bulbos y tubérculos.

La materia orgánica puede formar parte de esa preparación, pero debe estar correctamente transformada. El uso de estiércol fresco cerca del momento de plantación puede resultar inadecuado para determinados cultivos y situaciones. En este grupo hay que combinar nutrición y calidad del suelo.

Aromáticas, leguminosas y cultivos menos exigentes

No todas las plantas del huerto necesitan una fertilización intensa.

Algunas aromáticas mediterráneas están adaptadas a suelos relativamente pobres y pueden desarrollar un crecimiento excesivamente tierno si reciben demasiado fertilizante. Las leguminosas tampoco deberían tratarse exactamente igual que una solanácea o una cucurbitácea muy productiva.

Esto refuerza una idea básica: utilizar la misma cantidad y el mismo producto en todos los bancales simplifica el trabajo, pero no necesariamente mejora el cultivo.

Abono orgánico, mineral u organomineral: cuál encaja mejor en tu caso

La elección entre orgánico y mineral no debería plantearse como una cuestión ideológica. Son herramientas diferentes y pueden responder a necesidades distintas.

Incluso pueden formar parte de una misma estrategia cuando existe un motivo técnico para hacerlo.

Cuándo elegir un abono orgánico

Puede ser especialmente interesante cuando el objetivo es:

  • Preparar un bancal antes de plantar.
  • Mantener materia orgánica.
  • Trabajar la fertilidad del suelo a medio plazo.
  • Mejorar progresivamente determinadas propiedades del terreno.
  • Diseñar un huerto basado en aportes orgánicos.
  • Mantener suelos sometidos a varias campañas de cultivo.

Su efecto suele ser más progresivo, por lo que es importante planificar la aplicación y no esperar necesariamente una reacción inmediata de la planta.

Cuándo elegir un fertilizante mineral

Puede encajar mejor cuando se necesita:

  • Aportar nutrientes concretos.
  • Mayor precisión sobre la composición.
  • Una respuesta nutricional más rápida.
  • Fertilizar mediante el riego.
  • Trabajar con cultivos de alta demanda.
  • Manejar macetas o mesas de cultivo con poco volumen de sustrato.

Precisamente porque puede actuar con rapidez, también exige más control sobre concentración, frecuencia y cantidad.

La referencia siempre debe ser la etiqueta del producto y las necesidades reales del cultivo.

Cuándo tiene sentido un organomineral

Los fertilizantes organominerales combinan componentes orgánicos con nutrientes de origen mineral.

Pueden resultar útiles cuando se busca un punto intermedio entre:

  • Aporte de materia orgánica.
  • Nutrición relativamente dirigida.
  • Facilidad de aplicación.
  • Mantenimiento del suelo.
  • Composición nutricional definida.

No son automáticamente mejores que las otras alternativas. Simplemente ofrecen otra herramienta para adaptar la fertilización a las condiciones del huerto.

El formato también decide: granulado, líquido, soluble o liberación lenta

Dos fertilizantes con objetivos similares pueden resultar muy diferentes en la práctica según su formato.

La elección debería tener en cuenta dónde se cultiva, cómo se riega y cuánto control quiere tener el usuario sobre las aplicaciones.

Granulados y pellets para preparar suelo y bancales

Los formatos sólidos son habituales en bancales y cultivos directamente sobre el terreno.

Permiten distribuir el producto sobre una superficie, localizarlo según el sistema de cultivo o incorporarlo durante determinadas labores cuando así lo establezca el fabricante.

Pueden resultar cómodos para:

  • Preparación del suelo.
  • Abonados de fondo.
  • Bancales.
  • Huertos de superficie media.
  • Aplicaciones donde interesa una liberación progresiva.

La facilidad de reparto no elimina la necesidad de medir correctamente la cantidad indicada en la etiqueta.

Líquidos y solubles para riego, macetas y respuesta rápida

Los fertilizantes líquidos o solubles resultan especialmente prácticos cuando el abonado se realiza junto con el agua.

  • Son frecuentes en:
  • Macetas.
  • Mesas de cultivo.
  • Jardineras.
  • Sistemas de riego.
  • Huertos donde interesa repartir aplicaciones durante el ciclo.

Su rapidez y comodidad también implican mayor necesidad de control. Una concentración incorrecta o aplicaciones demasiado frecuentes pueden provocar problemas con mayor facilidad.

No conviene preparar mezclas “a ojo”. Hay que seguir siempre las indicaciones específicas de cada producto.

Liberación lenta para usuarios que buscan mantenimiento estable

Los fertilizantes de liberación lenta están diseñados para suministrar nutrientes durante un periodo más prolongado.

Pueden resultar prácticos en macetas o situaciones donde se busca reducir la frecuencia de aplicación.

Eso no significa que funcionen sin ningún tipo de seguimiento.

Siguen siendo importantes:

  • El cultivo.
  • La cantidad.
  • La temperatura.
  • El riego.
  • La duración indicada por el producto.
  • Las necesidades reales de la planta.

La principal ventaja es la comodidad y la progresividad, no eliminar completamente la gestión de la fertilización.

Cuándo abonar el huerto según el momento del cultivo

Antes de plantar: preparar suelo y reserva de nutrientes

Antes de sembrar o trasplantar es cuando tiene más sentido trabajar la base de fertilidad.

Dependiendo del suelo y del cultivo, pueden encajar:

  • Compost.
  • Materia orgánica correctamente madurada.
  • Determinadas enmiendas.
  • Abonos de fondo.
  • Correcciones definidas a partir de un análisis.

En esta fase el objetivo no es estimular una planta, sino preparar un entorno adecuado para que las raíces puedan establecerse.

Durante el crecimiento: acompañar sin forzar

Una vez que el cultivo está establecido, conviene observar cómo evoluciona antes de añadir fertilizante automáticamente.

Hay que fijarse en:

  • Color.
  • Vigor.
  • Tamaño.
  • Desarrollo de nuevas hojas.
  • Respuesta al riego.
  • Estado de las raíces cuando sea observable.
  • Crecimiento respecto a lo esperado para la especie.

Si una planta está creciendo lentamente porque hace frío o porque recibe poca luz, añadir más fertilizante no corrige esas limitaciones.

Lo mismo sucede cuando existe exceso de agua o raíces dañadas.

Floración y fruto: ajustar sin pasarse con nitrógeno

En tomates, pimientos, berenjenas, calabacines y otros cultivos de fruto, la llegada de la fase reproductiva cambia el equilibrio de necesidades.

La fertilización debe acompañar a la planta, no impulsar únicamente más tallos y hojas.

En esta etapa pueden adquirir mayor relevancia determinados nutrientes, incluido el potasio, además de otros elementos necesarios para mantener un desarrollo equilibrado.

Eso no significa que exista una fórmula NPK universal para fructificación. El producto debe seguir el contexto del cultivo, el suelo, el sistema de riego y los aportes realizados previamente.

Uso responsable: etiqueta, seguridad y límites del abonado

Los fertilizantes deben utilizarse siguiendo las indicaciones del fabricante.

La composición, concentración y forma de aplicación cambian entre productos, por lo que no resulta prudente trasladar una dosis de un fertilizante a otro solo porque ambos estén destinados al huerto.

Antes de aplicar cualquier producto:

  • Lee la etiqueta completa.
  • Comprueba para qué cultivos o usos está indicado.
  • Respeta las condiciones de aplicación.
  • No aumentes la cantidad buscando resultados más rápidos.
  • Utiliza los elementos de protección que indique el producto.
  • Almacénalo en las condiciones recomendadas.
  • Evita mezclar productos sin comprobar previamente su compatibilidad.
  • Mantén los envases correctamente identificados.

En cultivos profesionales, programas de fertirrigación, problemas persistentes o situaciones donde no está clara la causa de los síntomas, puede ser recomendable contar con orientación técnica.

Abonar más no sustituye a un buen manejo del suelo, el agua, la luz y el propio cultivo.

Qué mirar antes de comprar abonos y fertilizantes para tu huerto

Antes de escoger entre distintos abonos y fertilizantes, merece la pena hacer una última revisión.

No hay que empezar por la marca. Tampoco por decidir si se quiere líquido o granulado.

Primero hay que saber qué se quiere conseguir.

Checklist rápida para elegir bien

Antes de comprar, comprueba:

  • Cultivo: ¿qué plantas vas a fertilizar?
  • Fase: ¿están recién plantadas, creciendo, floreciendo o produciendo?
  • Suelo: ¿tiene suficiente materia orgánica?, ¿hay problemas de compactación o pH?
  • Objetivo: ¿quieres mantener fertilidad, corregir una necesidad o apoyar una fase concreta?
  • NPK: ¿la composición encaja con el objetivo?
  • Formato: ¿granulado, pellet, líquido, soluble o liberación lenta?
  • Sistema de cultivo: ¿suelo, bancal, maceta o mesa?
  • Riego: ¿se aplicará directamente o mediante agua?
  • Etiqueta: ¿está indicado para el uso previsto?
  • Seguridad: ¿requiere condiciones particulares de manipulación?
  • Almacenamiento: ¿podrás conservar correctamente el producto restante?

Esta checklist también ayuda a comparar el catálogo de una tienda especializada como Castillo Arnedo con un criterio más útil: primero identificar la necesidad y después buscar el producto que mejor se ajusta a ella.

Cuándo pedir orientación técnica

Hay situaciones donde elegir únicamente por la información frontal del envase puede quedarse corto.

Conviene valorar asesoramiento técnico cuando:

  • Se trabaja con un huerto profesional.
  • Hay cultivos de alto valor.
  • Los síntomas se repiten campaña tras campaña.
  • Se utiliza fertirrigación.
  • Existen problemas difíciles de identificar.
  • Hay un análisis de suelo que necesita interpretación.
  • Se plantean correcciones específicas.

Se manejan superficies amplias o programas de fertilización continuados.

Una buena recomendación no debería empezar preguntando qué marca prefieres, sino qué estás cultivando, en qué suelo y qué problema quieres resolver.

Elegir un buen fertilizante para el huerto no consiste en encontrar el producto con más nutrientes ni en utilizar siempre un abono “universal”. La elección debería partir de cuatro preguntas: cómo está el suelo, qué cultivo tienes, en qué fase se encuentra y cómo vas a aplicar el producto.

Preguntas frecuentes sobre abonos y fertilizantes para el huerto

¿Qué abono es mejor para un huerto?

No existe un único abono mejor para todo el huerto. La elección depende del estado del suelo, los cultivos y la fase de desarrollo. Un abono orgánico puede ser útil para mantener materia orgánica, mientras que un fertilizante más específico puede tener sentido cuando se busca cubrir una necesidad nutricional concreta.

¿Es mejor abono orgánico o fertilizante químico?

Depende del objetivo. El abono orgánico suele aportar materia orgánica y nutrientes de forma progresiva, por lo que resulta interesante para trabajar la fertilidad del suelo. Los fertilizantes minerales permiten una nutrición más precisa y normalmente más rápida. Ambas opciones pueden utilizarse con criterio según las necesidades del cultivo.

¿Qué significa NPK en un fertilizante para huerto?

NPK hace referencia a nitrógeno, fósforo y potasio, tres macronutrientes esenciales para las plantas. El nitrógeno está muy relacionado con el crecimiento vegetativo; fósforo y potasio participan en numerosos procesos relacionados con desarrollo, raíces, floración y producción. Los números de la etiqueta indican la composición declarada del fertilizante.

¿Cuándo hay que abonar el huerto?

Depende del cultivo y del producto. Puede realizarse una preparación de fondo antes de plantar y aportes posteriores durante crecimiento o producción cuando sean necesarios. No existe un calendario universal. Conviene observar el cultivo, conocer el suelo y respetar siempre las indicaciones de aplicación de la etiqueta.

¿Puedo usar el mismo fertilizante para todas las hortalizas?

Un fertilizante general puede utilizarse en determinados cultivos y situaciones, pero no todas las hortalizas tienen las mismas necesidades. Una lechuga, una cebolla y una tomatera desarrollan partes distintas y tienen ciclos diferentes. En un huerto productivo suele ser preferible adaptar la fertilización a grupos de cultivos y fases.

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