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El cultivo de cebolla requiere un control cuidadoso del suelo y de las malas hierbas para garantizar un buen desarrollo del bulbo y una cosecha de calidad. En los últimos años, el uso de soluciones técnicas que optimizan el trabajo en campo se ha vuelto imprescindible para mejorar la eficiencia y reducir costes. En este contexto, la malla antihierbas se presenta como una alternativa eficaz y sostenible para proteger el cultivo desde las primeras fases de crecimiento.
Introducción a la malla antihierbas
La malla antihierbas es un recurso cada vez más utilizado en agricultura por su eficacia en el control de malas hierbas y la optimización del cultivo. Se trata de un tejido técnico que permite el paso del agua y del aire, pero bloquea la luz solar, impidiendo que las malas hierbas germinen. En el cultivo de cebolla, esta técnica resulta especialmente interesante, ya que la cebolla es una planta poco competitiva frente a otras especies. Por ello, plantar cebollas con malla antihierbas se ha convertido en una práctica habitual tanto en explotaciones profesionales como en huertos de autoconsumo.
Beneficios de su uso en cultivos de cebolla
El empleo de malla antihierbas aporta una serie de beneficios directos que influyen de manera positiva en el desarrollo del cultivo y en la rentabilidad de la explotación:
- Reducción del crecimiento de malas hierbas: al impedir el paso de la luz, la malla evita que germinen plantas no deseadas, lo que reduce significativamente las labores de escarda manual o mecánica.
- Mejor aprovechamiento del agua: al cubrir el suelo, se disminuye la evaporación, permitiendo que la humedad se mantenga durante más tiempo en la zona radicular de la cebolla.
- Desarrollo más uniforme de los bulbos: al eliminar la competencia por nutrientes y agua, las cebollas crecen de forma más homogénea, mejorando el calibre y la calidad final.
- Menor incidencia de plagas y enfermedades: la ausencia de maleza reduce los refugios naturales de insectos y patógenos, favoreciendo un cultivo más sano.
Tipos de mallas disponibles en el mercado
Existen diferentes tipos de malla antihierbas, y su elección debe adaptarse a las condiciones del terreno y a la duración prevista del cultivo:
- Malla de polipropileno tejido: es la opción más utilizada en agricultura profesional por su alta resistencia y larga vida útil, incluso en condiciones de exposición solar intensa.
- Malla no tejida de polietileno: más flexible y ligera, se adapta bien a terrenos irregulares y es fácil de manejar durante la instalación.
- Mallas con tratamiento UV: diseñadas para soportar una exposición prolongada al sol sin degradarse, resultan ideales para cultivos de ciclo medio o largo como la cebolla.
Malla antihierba verde 100 g/m2
Malla antihierba negra 100 g/m2
Malla antihierba blanca 100 g/m2
Malla antihierba verde 130 g/m2
Malla antihierba marrón 86 g/m2
Malla antihierba marrón 130 g/m2
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Preparación del terreno
Preparar el terreno es crucial para garantizar que la malla antihierbas funcione correctamente y que las cebollas tengan un buen desarrollo.

Limpieza y nivelación del suelo
Antes de colocar la malla, el terreno debe prepararse adecuadamente para garantizar un buen desarrollo del cultivo. El suelo ha de limpiarse de restos vegetales, piedras y raíces que puedan dañar la malla o dificultar la plantación. Asimismo, es importante nivelar la superficie para evitar acumulaciones de agua que puedan provocar encharcamientos.
Mejora de la fertilidad del sustrato
La mejora de la fertilidad del sustrato es un paso clave. La cebolla se desarrolla mejor en suelos sueltos, bien aireados y ricos en materia orgánica. La incorporación de compost o estiércol bien descompuesto, junto con una fertilización equilibrada, permite crear un entorno óptimo antes de instalar la malla antihierbas.
Instalación de la malla antihierbas
Colocar la malla correctamente es fundamental para que cumpla su función durante todo el ciclo de cultivo. Te explicamos las herramientas necesarias, los pasos de instalación y cómo asegurar la malla para un resultado óptimo.
Herramientas necesarias para la colocación
Para una instalación correcta, es recomendable disponer de las siguientes herramientas:
- Estacas o grapas de fijación, que permiten asegurar la malla al suelo y evitar desplazamientos por el viento.
- Cúter o tijeras resistentes, necesarias para cortar la malla y realizar los orificios de plantación.
- Cinta métrica, útil para marcar el marco de plantación con precisión.
- Guantes de trabajo, que facilitan la manipulación y protegen las manos.
Pasos para una instalación correcta
La malla debe extenderse sobre el terreno bien preparado, procurando que quede tensa y sin arrugas. Posteriormente, se fija al suelo en los bordes y en puntos intermedios para garantizar su estabilidad durante todo el ciclo del cultivo.
- Desplegar la malla sobre el terreno nivelado, asegurándose de que quede estirada y sin arrugas. Esto evita bolsas de aire que dificulten el riego o la plantación.
- Fijar los bordes y puntos intermedios con estacas, manteniendo la tensión adecuada. No debe quedar demasiado floja ni excesivamente tensa para evitar rasgaduras al hacer los orificios.
- Marcar los puntos de plantación según el marco recomendado (10-15 cm entre plantas y 25-30 cm entre filas).
- Realizar los orificios para los plantones, evitando cortes excesivos que reduzcan la función antihierbas.
- Revisar visualmente la malla para asegurar su fijación antes de plantar.
Fijación y aseguramiento de la malla
Es importante revisar periódicamente la malla durante las primeras semanas, sobre todo tras lluvias o vientos fuertes.
Ajustar grapas y estacas donde sea necesario garantiza que la malla cumpla su función durante todo el ciclo del cultivo.
Plantación de cebollas
Colocar la malla correctamente es fundamental para que cumpla su función durante todo el ciclo de cultivo. Te explicamos las herramientas necesarias, los pasos de instalación y cómo asegurar la malla para un resultado óptimo.
Determinación del marco de plantación adecuado
Al plantar cebollas con malla antihierbas, respetar el marco de plantación es fundamental para favorecer un crecimiento uniforme y saludable del bulbo. La distancia habitual entre plantas debe ser de 10 a 15 centímetros, mientras que entre filas se recomienda dejar 25 a 30 centímetros. Este espaciamiento permite que cada bulbo reciba suficiente luz, agua y nutrientes, facilita el riego y reduce la competencia entre plantas, garantizando una cosecha más homogénea y de mejor calidad.
Realización de orificios en la malla para la siembra
Una vez definido el marco de plantación, se realizan los orificios en la malla. Estos deben coincidir exactamente con la ubicación de cada plantón y ser del tamaño adecuado para permitir su colocación sin dañar el bulbo ni las raíces. Evitar cortes demasiado grandes es crucial, ya que la función principal de la malla es impedir el crecimiento de malas hierbas; orificios excesivos podrían reducir su eficacia. Además, los cortes deben hacerse con precisión para que el bulbo quede centrado y estable dentro del suelo.
Colocación de los plantones en los orificios
Cada plantón se coloca cuidadosamente en su orificio, asegurando que las raíces queden completamente cubiertas por tierra y que el bulbo quede firme y asentado. Una ligera presión alrededor del plantón mejora el contacto con el sustrato, favoreciendo un buen enraizamiento y un desarrollo radicular fuerte y uniforme.
Riego y mantenimiento
Aunque la malla antihierbas ayuda a conservar la humedad y a reducir el crecimiento de malas hierbas, no sustituye la atención constante al cultivo. Un manejo adecuado del agua y un control regular del suelo permiten prevenir problemas de estrés hídrico, enfermedades y competencia por nutrientes, asegurando una cosecha más saludable y de mayor calidad.
Sistemas de riego recomendados
El riego por goteo es el sistema más eficiente cuando se trabaja con malla antihierbas, ya que entrega agua directamente a la zona radicular de cada planta. Esto reduce la evaporación y evita encharcamientos en la superficie de la malla, previniendo la aparición de musgo y malezas. Además, permite ajustar el caudal según la etapa de crecimiento de la cebolla, asegurando que cada bulbo reciba la cantidad de agua necesaria sin desperdicios.
En cultivos más pequeños o huertos familiares, también se pueden emplear sistemas de riego localizado con mangueras perforadas, siempre controlando que la humedad llegue de manera uniforme y evitando mojar la superficie de la malla, lo que podría favorecer la proliferación de maleza o enfermedades fúngicas.
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Monitoreo de la humedad del suelo
Aunque la malla ayuda a conservar la humedad, es fundamental revisar periódicamente el estado del suelo. Durante los primeros días tras la plantación y en períodos de altas temperaturas, conviene comprobar que la tierra no se seque en exceso ni se acumule agua en zonas concretas. Esta observación permite ajustar la frecuencia y duración de los riegos, optimizando el uso del agua y evitando estrés hídrico que afecte el crecimiento del bulbo.
Control de posibles malas hierbas emergentes
Aunque la malla reduce notablemente la aparición de maleza, algunas plantas pueden surgir en los bordes del cultivo o en los orificios de plantación. Estas deben eliminarse de forma manual tan pronto como se detecten, ya que incluso pequeñas hierbas pueden competir por nutrientes y agua, afectando el desarrollo de los bulbos. Realizar esta revisión de manera periódica garantiza un cultivo limpio y saludable durante todo el ciclo.
Cosecha y post-cosecha
La cosecha marca el final del ciclo de cultivo, pero también es un momento crítico para garantizar la calidad y la conservación de las cebollas. Reconocer el punto óptimo de madurez, aplicar técnicas de recolección cuidadosas y preparar adecuadamente los bulbos para su almacenamiento son pasos que determinan la vida útil del producto y su valor en el mercado. La malla antihierbas contribuye a que esta etapa sea más sencilla, manteniendo el suelo limpio y suelto y facilitando la manipulación de los bulbos.
Indicadores de madurez de las cebollas
Identificar el momento correcto para cosechar es clave. Las cebollas están listas cuando las hojas comienzan a secarse y se tumbarse de manera natural, señalando que el bulbo ha completado su desarrollo. Además, el bulbo debe presentar una piel firme, seca y de buen calibre. Observar estos indicadores permite evitar la recolección prematura, que reduce la calidad, o tardía, que podría provocar pérdidas por pudrición o brotación.
Técnicas de recolección con malla antihierbas
Para extraer las cebollas, se recomienda levantar los bulbos con cuidado, utilizando las manos o herramientas ligeras, evitando tirar de los tallos secos, que podrían romper la piel. Retirar la tierra adherida sin frotar excesivamente y colocar los bulbos en cestas ventiladas ayuda a conservar su integridad y calidad.
Almacenamiento y conservación de la cosecha
Una vez cosechadas, las cebollas deben curarse en un lugar seco, ventilado y con sombra, durante varios días, hasta que las capas externas se sequen completamente. Este proceso reduce la humedad superficial y ayuda a prevenir enfermedades durante el almacenamiento. Posteriormente, pueden colocarse en cajas o sacos ventilados en un lugar fresco y seco, evitando la exposición directa al sol o a la humedad.
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